Señales de que ese chico/a no es para mí
Llega el invierno y hay que ponerse en campaña para conseguir un compañero o compañera, según sea el caso, una “licitación de cariño”, “carne para el gancho” como otros no tan sutiles gustarán decir, “un cuerpo” como se dice en los alrededores de Villa del Rosario, un “aperitivo del amor”, etc.
Como sea que lo denomine, siempre es bueno observar ciertas señales conductas o legajos que pueden claramente indicarnos de manera racional (recordemos que el corazón y el organito de “allá abajo” son impulsivos) que una persona, chica o chico, no es para nosotros.
Otrora era bien visto por nuestros progenitores, especialmente por los de descendencia femenina, como buen partido al viejo y querido –hoy denostado por lo inútil, vago, prescindible y larva social- empleado público. De arranque y sin mucha explicación les digo: nones. No ganan lo suficiente y como está comprobado: nadie cuya ambición es un trabajo en el que eventualmente pueda ser imposible echarlo tiene mayores aspiraciones o ambiciones en la vida.
Por supuesto están demodé y fuera de concurso los ex funcionarios de OSE, por razones por demás conocidas; la corruptela y la joda no es son lo que era antes. Los y las viejas mezclas de hipillos con cantopopu, identificados por los bucitos de lana virgen, con estampados de llamas peruanas en el pecho, morral, boina y seguidores de Lazaroff… No sé… me dan ese no sé qué de que quedaron en el tiempo que me hace desconfiar. Tampoco, a la luz de los hechos del último primero de mayo, es conveniente un sindicalista radical; por mucho amor que este tipo le tenga a Ud., no duda, -en favor del “Movimiento”- en pedirle cosas tipo: “¡Vieja! ¿Te jode si hoy te doy un toque con la ’38 para hacer un llamado a la conciencia social y de clase?”. En fin queda en uds. pero yo les recomiendo que no.
La importancia de un hobby es menor a la hora de un curriculum vitae, pero nos dice mucho de la persona en asuntos de las relaciones interpersonales.
Cría de gusanos de seda: ¡no! (piense en un Hannibal Lecter, por ejemplo).
Ser biógrafo o admirador del Duce y/o Adolfo Hitler: no quiero parecer prejuicioso pero… no. Coleccionar uñas de los pies cortadas… qué sé yo… no.
A veces, y les voy a contar mi experiencia, puede parecer señal de un ser exótico este tipo de cosas, pero cuidado. A mi me pasó de conocer una chica que dijo ser coleccionista de preservativos. En principio y en teoría me pareció interesante artísticamente por el colorido de envoltorios, las variedades con particulares características (saborizados, corrugados, musicales, etc.) y me producía cierto morbo por la relación directa con el sexo. Ahora cuando conocí la selección y vi que pertenecían a ex amantes, estaban en estado de uso y eran 168 pegados (sin uso de adhesivo a la pared de su living) créanme que me cambió la visión y por supuesto nunca volví a ver a la chica.
Gente así, como diría mi abuela, “no es bien cierta”, no le llega agua al tanque, y aunque parezca lo contrario no tiene mucha cabeza, si acaso un cráneo con mejoras.
La excesiva preocupación por asuntos tales como la nominación de GRAN HERMANO, el pasado de Luís Vadalá, quién pasa en BAILANDO POR UN SUEÑO, o se está aprensivo por saber las razones del cambio de peinado drástico de Coco Echagüe (ahora a lo Moe Howard), o pendiente de si el futuro hijo de Noelia Campo saldrá parecida a ella o a él, en principio es divertido como tema de conversación en las primeras citas, pero cuando esto sustituye eventuales salidas, un asado, o se convierte en obsesión no es gracioso.
Redondeando y no por eso es de poca importancia, también es bueno descartar gente que toma medicamentos extremos como ansiolíticos y anti-depresivos al mismo tiempo. Yo aconsejo –y lo practico- que en la primera cita en casa del susodicho/a, se de una vueltita por el botiquín del baño y si ve mucho una caja de Sertrina, Clonaxepam, Imipramina, o se la hago corta, si ve más de un medicamento terminado en “ina”, “il” o “am”… mejor no. Sólo alguien que esté en la misma se entiende con esta gente. Que ojo no son malas personas, pero son “malas” para ellos mismos.
Y si tras estos consejos le queda algún macaco en pie que pase este breve análisis, voltéelo, en cualquier sentido de la palabra, que mal o bien hay que pasar el invierno y uno tampoco es un bichado de virtudes. Hasta la próxima.