20/04/2007...12:44 PM

Mis días con Bethoveen (Parte I)

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Fiesta satánica. Mire que uno ha estado en fiestas negras, en saraos apocalípticos, incluso hasta en algún cumpleaños de Amelita Baltar, pero pocas veces viví, organicé y sobreviví a fiestas como esta en cuestión.

Te tiro un poco de data para que vayas llevando: enanos invitados, pedimos hasta el gorila de Villa Dolores para tenerlo atado como decoración extravagante; servíamos leche en sachets negros (y obviamente teníamos convencida a la concurrencia que era leche de gorila); un amigo disfrazado del “Lelo” de Pulp Fiction correteaba a otro que hacía las veces de Bruce Willis, con pelota naranja en la boca incluída, azotándolo sin piedad toda la noche. Trolas, gatos, amigas varias, autoridades del club, todo el mundo. Una cosa realmente demencial. Y como no podía ser de otra manera se nos fue de pista el vernisagge.

Amanece que no es poco (léase 5 pm). Casa revuelta, vasos tirados, cerveza chorreada en las paredes, en fin, esa mezcla rara de Bagdad y Bosnia que queda en la casa afterpary. Alguien se había llevado el gorila obviamente, y yo desperté (queriendo soñarla) con una resaca de esas que parece que tuvieras un leño atravesado en el cerebro, que se pilotean a base de experiencia, café negro y alka seltzer, pero te dan ganas de gritar “¡No chupo nunca más!”. Todo el mundo se había ido o al menos eso creía yo.

Al pasar por uno de los cuartos de mi casa, camino al baño, lo veo acostado boca abajo, semidestruído, con unas bermuditas negra, riñorera con los colores rastas de Etiopía, boca semiabierta babeando y un gato negro que me miraba antipáticamente sentado en su espalda.

“¡Naah!” dije yo, “si cuento esta no me la creen, esta es para tapa de Fasano, para placa de crónica”… ¿Qué mierda hace un enano con un gato negro en un cuarto de mi casa? Porque aparte ni recordaba haberlo visto la noche anterior durante los jolgorios, pero ahí estaba el tipo.

Me acicalé y al salir del baño siento la voz del tipo que me dice:

¿Y vos quién sos? – así, parco y sin calentarse mucho por estar acostado en mi casa.

El dueño de casa, un servidor. ¿Se le ofrece algo al Sr. Retaco? – le pregunté medio irónico pero la verdad no me calentaba mucho.

Sí. Si vas al super ¿no me traes cien de bondiola y cien de queso de máquina y unas whiskas de salmón para “Lucifer”? Mi nombre es Bethoveen ya que estamos en esta onda de presentarnos.

Ahí, me quedé helado, porque casualmente yo iba al super y también a comprar cien de bondiola pero con queso muzzarella.

Resumiendo un poco, que la cuestión es que una cosa llevó a la otra y después de compartir un par de sandwiches juntos, de acariciarle el gato (Lucifer, claro está), no sé como ni por qué, se quedó a vivir conmigo.

CONTINUARÁ

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