Lo que voy a escribir a continuación es medio una boludez. Pero si se mira hacia atrás los post anteriores se verá que esto que ahora escribo va 100% en la línea de todo lo que produzco literariamente. Lo cierto es que por años no me atreví a plantear, y mucho menos a aseverar en público, mi opinión sobre una cuestión que fue tema nacional hace unos quince años atrás (circa 1994): la inteligibilidad de la película uruguaya “El dirigible” (Pablo Dotta, 1994).
Sabido es que al latinoamericano, mucho más al rioplatense y con especial hincapié en el uruguayo le es dado naturalmente el enroscarse en pelotudeces (véase ahora el tema del abrazo Mujica-Vázquez; la tv chatarra y la tv “cultural”; ¿quién tendría que ganar el “Bailando…”; si Punta del Este es argentina o uruguaya; si la inseguridad es real o la bala que te entró por la sien es una sensación térmica; etc), así que una película no lineal ni convencional en un país sin industria cinematográfica, y con una historia que editada en cualquier orden no cambiaba su argumento era carne fresca para los leones, un lemon pie para una bulímica, un puber pre-adolescente para un cura.
La película para el que no la vio es más o menos así: una mina viene de francia investigando alguna boludez sobre Onetti y es dada a pasear en taxi; después se baña en pelotas en el Palacio Salvo y se hace una fotocopia vaginal no sé donde ni por qué; Onetti posta se da vuelta en la cama y murmura algo (cuatro o cinco vueltas en la cama a lo largo de la película); Schneider en bolas otra vez, y después el resto son historias adyacentes sobre Espalter haciendo una fellatio a un plancha (que por entonces no existían como tales y eran simplemente terrajas, marginales, o delincuentes menores reincidentes, etc, ni me acuerdo la denominación de entonces), Baltasar Brum con los fierros a punto de limpiarse, y una lluvia en la Rambla donde aforaban los bomberos. Listo. Fin de la película y andá a analizarla al Sorocabana leyendo “El Pozo”.
Por entonces -tal vez hasta hoy- se le armó una no pequeña confusión al intelectual nacional sobre qué posición tomar al respecto. O sea, el tipo pensaba “esto está bueno para que me guste porque la gilada no lo entendió, tiene un par de escenas de Onetti… es uruguaya y tiene apoyo de España y Francia… y es bien rara, che… mismo que yo no la entiendo… ¡definitivamente me gusta!”, pero se le complicaba explicarla. Pero cualquier intelectual resuelve un embrollo del que no sabe salir con una sonrisa soberbia y dando a entender con un par de citas de alguien que el que no entiende es uno, nunca él.
Y a la gilada como un servidor le parecía que no había mucho que entender: Laura Schneider en pelotas ya valía la película, más haciendo de francesita (y el morbo que ello conlleva, ya que cualquier mortal sabe que a las francesas les gusta por todos lados: sólo el salame Sarkozy se consigue una mina no francesa lo que es perdonable porque la Bruni, aunque jaquita ya, está que se parte). Yo creo que ya no estaba en época de apuñalar el gato con imágenes del biógrafo archivadas en la memoria; atrás habían quedado las épocas del homenaje ”in situ” viendo a una Sonia Braga en “A dama da lotacao” o a la Kim Bassinger en “9 semanas y media” enchastrada en miel; pero yo creo que mi novia de entonces se llevó una buena recompensa en memoria de aquella periodista francesa (vuelta y media en algún vernisagge o un ágape de estos que vamos todos quise levantarme a la Schneider, te soy sincero, pero la vi tan demacradita y falta de polenta que me dio cosa). Después si leíste más o menos a Onetti sabés que le gustaba salirse del relato para contarte el entorno de donde la escribía etc., y ahí te entraban los bomberos que aforaban detrás de cámara produciendo la lluvia artificial en la rambla montevideana. ¿Entendiste Carlitos? Se llama “metáfora” eso, o licencia poética… no, ya te expliqué que no son los 20 veinte días de vacaciones que por ley le tocaban Neruda y compañía. Ta’ listo, ¿qué carajos más tenés que entender? La felatio gratuita de Espalter, ta sí, al día de hoy con los millones de casos de asaltos a mano armada nunca se dio un caso así registrado por la policía. Pero bueno, ¿a qué te acordás de esa escena? ¡Aaaah! ¿viste? Dotta no era ningún boludo. ¿A que tu vieja se horrorizó de ver al Toto Paniagua lastrándosela a un adolescente? ¡Epaaaa, ¿sí, no?! ¡Aaaah, ¿viste?!
Pero después estaba el típico uruguayo ultra-intelectual que le da una vuelta más a todo y quiere ser mucho más y fue quién planteó públicamente el tema: Yo no entendí “El Dirigible”. Y punto. Y no era culpa del tipo, era culpa de Dotta y chau. Y el pobre Dotta creo que no hizo más nada. Se quedó como un artista de opus único, como Jazzy Mel, como el Pájaro Canzani, como Donald y “Las olas y el viento”. A la mierda Dotta. Años después González Iñarritu hizo “21 gramos” y fue un crá, pero Dotta un carajo. Hasta graffitis hubo en tono irónico diciendo “Yo entendí El Dirigible”. Llegaron a decir que todo era una artimaña del tipo para poner una mina en pelotas. ¡Tan locos!
Pero yo la entendí en serio. Por años me ensayé la teoría esa que más arribo explico de que “Cómo Onetti escribía así, viste, mostrando los piolines de titiritero, Dotta quiso homeneajarlo haciendo lo mismo… ¿Letras estudias me dijiste?… ¿Cómo?… Ah, no sé por qué están las imágenes de Brum, pero creo que es algo con la muerte con eso de la destrucción personal, ¿no?… O sea, Brum se matóde un tiro, Onetti se mató por quedarse acostado diez años… ¿Ahí hay algo, no?… Y el dirigible, obvio, ¿sino por qué se iba a llamar así la película?… ¿Te tenés que ir?, dale si, te llamo… Ah, ¿vos me llamás a mí? Dale sí, ¿no querés que te dé mi teléfono entonces? Lo buscás en la guía, listo…”, para levantarme minitas. Pero la intelectual no era dada a salir conmigo igual. Así que callé por años mi posición. Y acá está.
Y después vino el cine nacional con la marca registrada de películas donde no pasa nada. Literalmente en la pantalla y en los cines locales. Pero ta, te ganan premios en Berlín en las secciones para novatos, en Ubekiztán, en el Festival de Cine Raro de Bombonia. Guarda, a no desmerecer. Que yo mil veces preferiría que al Estadio vayan diez a ver la selección pero que ganara los campeonatos de todo el mundo. ¿O no? ¡Cómo!…